Juan Carlos Aguilar Gómez
Autoproclamado como el primer monje Shaolin occidental y tres veces campeón del mundo de kung-fu y ocho de España, se hacía llamar Huang y utilizaba las artes marciales como herramienta para controlar las emociones.
Viajó a China y volvió en 1995 muy cambiado, hasta trastornado según sus propios alumnos, convertido según el propio Juan Carlos, en un guerrero milenario.
En Bilbao fundó un gimnasio conocido como Monasterio Océano de la Tranquilidad donde impartía la sabiduría adquirida en ese viaje catártico.
Pero sus títulos, así como su condición de gran Shifu, resultaron ser falsos. Aun así consiguió engañar durante años a alumnos, famosos, y medios de comunicación. El falso monje utilizaba el budismo, el karate y el kung-fu para captar mujeres a quienes maltrataba, violaba y humillaba.
Su primer contacto sangriento lo hizo en presencia de su novia parapléjica a la que le vendó los ojos y le dijo que iban a hacer un juego, mientras cortaba a una chica que tenía sedada.
Los crímenes fueron de extraordinaria gravedad, cometidos con una violencia inusual. Aguilar tenía tendencias sádicas. Torturó a sus víctimas de forma atroz, tenía sexo con los cadáveres y se hacía fotos, en las que en una de ellas se ve defecando en una de sus víctimas.
Su primer asesinato conocido tuvo lugar en la madrugada del 25 de mayo de 2013. "El Monje" estaba en su vehículo marca Mitsubishi cuando apareció una colombiana llamada Yenny Sofía Rebollo Tuirán, madre de dos hijos, que se vio obligada a prostituirse dada su situación económica, acompañada de un hombre que la estaba incomodando. Ésta accedió a subirse al coche de Aguilar y se dirigieron al gimnasio propiedad del acusado.
Una vez dentro del local, con el ánimo de acabar con la vida de Rebollo, actuando de forma súbita, imprevista e inesperada, la maniató los brazos, no dándole posibilidad alguna de defenderse y le agredió causándole la muerte.
En los días posteriores diseccionó el cuerpo de Rebollo y se fue deshaciendo de diversas partes del cadáver, arrojándolos a la Ría y a la basura para evitar su identificación.
Ocho días más tarde, volvió a las andadas. Esta vez, la víctima era la nigeriana Maureen Ada Otuya, de 29 años. Tras practicar sexo, Aguilar, actuando de manera súbita, la inmovilizó de brazos y cuello, y la golpeó en cabeza y abdomen.
Llevó a cabo el mismo ritual que con Yenny. Fueron 9 horas de sufrimiento. Maureen aprovechó un descuido de Aguilar y se dirigió a la puerta del gimnasio, pidiendo auxilio a través de las rejas del local, hasta que el agresor la inmovilizó agarrándola por detrás del pelo y la llevó a un cuarto semioculto de difícil acceso. Allí, le puso una brida en el cuello, un cordel con cinco vueltas alrededor del cuello y, por encima, una cinta americana, para estrangularla.
Una mujer vio a la ensangrentada Maureen intentando huir de un sótano en el centro de Bilbao. Su llamada a la Ertzaintza (policía vasca) sirvió para destapar los crímenes del falso monje.
Tras la intervención de los agentes de la Ertzaintza, que detuvieron a Aguilar, Otuya ingresó en estado de coma en el hospital donde falleció tres días después, el 5 de junio, a consecuencia de una encefalopatía secundaria a una asfixia por estrangulamiento.
En su detención, se encontraba en posición de lucha con el cuerpo agonizante de una víctima a sus pies. Durante el registro del escenario del criminal, el Monasterio Océano de la Tranquilidad, se encontraron restos humanos dentro de bolsas de plástico.
El 24 de abril de 2015, el jurado declaró culpable de asesinato con alevosía de dos mujeres en Bilbao y condenado a un total de 38 años de cárcel. Admitió los hechos que se le imputaban, no obstante, Aguilar no se arrepintió de nada.
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